domingo, 28 de agosto de 2011

Represión y censura política en la red



Por: Nehomaris Sucre



En los últimos años internet se ha convertido en una gran arena donde convergen mujeres y hombres de todo el mundo, buscando -entre otras cosas- informar y ser informados libremente sobre el día a día de esta sociedad. En este proceso intervienen los intereses y valores de los distintos grupos e individuos en cuyas manos está el poder –bien sea político, económico o de cualquier otra índole-, así como también juegan un rol importante los intereses y valores de aquellos que según Castells (2007) se configuran como grupos de “Contra-Poder”  dada su resistencia y desafío a los grupos de poder.  En tal sentido, es esencial en principio conocer hasta que punto quienes poseen el control de los aparatos estatales –y con esto el poder político- se ciñen de la “censura”  o de la  “represión política” para hacer barricadas contra cualquier transgresión o intento de transgresión al orden establecido.



A estas alturas se complejiza la situación, puesto que tal como señala Castells (2003) es el sistema legal  y político de cada jurisdicción lo que define que es transgresión y que no lo es, de modo que –siguiendo el ejemplo del autor- lo que se considera como subversivo en Singapur no necesariamente lo es en la monarquía española. Lo cierto es que ante aquello que según las normas de determinado país pueda interpretarse como “transgresión” surgen dos posibles mecanismos para ponerle freno: la “censura” y la “represión”, no obstante en cuanto a la primera el autor pone en duda su factibilidad. 



Para Castells (2003) es verdadera la famosa afirmación de John Gilmore de que “los flujos en Internet interpretan la censura (o interceptación) como un fallo técnico y encuentran automáticamente una ruta distinta de transmisión del mensaje” ,  esto viene dado ya que internet al ser una red de índole global con facultad de procesamiento de información y comunicación multinodal, no hace diferencia entre fronteras y mantiene comunicación sin restricciones entre todos sus nodos, de manera tal que la única censura directa permitida por el sistema es no estar en la red, asunto que resulta cada vez más costoso para gobiernos, individuos, sociedades y empresas.



Asimismo, tal como lo precisa el autor (Ídem) si la red es de carácter global y el acceso es local, mediante un servidor, es  en este punto de aproximación entre cada ordenador y la red global en donde se engendra el control más directo. De modo que, lo que se puede, y se lleva a cabo en todos los países es denegar acceso al servidor, cerrar el servidor o controlar quién comunica qué y a quién a través de una vigilancia electrónica de los mensajes que transitan por el servidor. A pesar de esto, los censores no lo tienen tan cómodo como aparenta. En primer lugar, porque en varios países hay una protección legal considerable de la libertad de expresión y comunicación en Internet, tal es el caso de Estado Unidos.



De esta forma, explica el autor (Ídem) que en la medida en que la censura de Internet es dificultosa en Estados Unidos y que, en 2001, gran parte de flujos globales de Internet recurren a un backbone norteamericano (y muchos otros podrían hacer uso del mismo en caso de necesidad), la protección que Estados Unidos hace de  la red  sirve para construir un espacio institucional de libertad para la cuasi-totalidad de circuitos de transmisión por Internet.



Ahora bien, tal como lo puntualiza Castells (Ídem),  la represión no es igual que la censura, ya que el mensaje puede comunicarse, pero las consecuencias llegan luego. De esta manera,  más que bloquear Internet, lo que se puede hacer y en efecto se hace es reprimir a los individuos o grupos que hacen un uso indebido según los criterios de quienes gobiernan. Por tal motivo aciertan tanto los que declaran Internet fuera de control como aquellos que lo razonan como la  más sofisticada herramienta de control, en último caso bajo la salvaguardia de los poderes constituidos.



En tal dirección, puede plantearse como poco factible la “censura política” en la red, a diferencia de otros medios de comunicación como la prensa, la radio y la televisión donde la misma si es posible, gracias sus debilidades estructurales, ya que por su misma naturaleza hacen más permeable cualquier mecanismo de censura por parte del Estado. Por su lado el internet con su atributo global se fortalece ante cualquier amenaza de censura y por lo tanto se manifiesta como un espacio propicio para hacer uso de la libertad de expresión, aún y cuando esta se pueda ver frenada por la represión, sin embargo el mensaje siempre corre.



De este modo, los Estados democráticos se encuentran frente a un gran desafío, en un extremo deben dar garantía de libertad de expresión, pero en el otro deben garantizar el mantenimiento del orden regulando en el campo del mundo web, donde incluso las más grandes potencias del mundo no están a salvo de amenazas tales como: revelación de secretos de Estado por la red o instigación a la violencia y a la desobediencia civil por medio la misma. 



Los ciudadanos y ciudadanas de regímenes poco democráticos por su parte se topan con el gran reto de dar muestra de valentía y expresarse a través de la gran red global, a sabiendas de las posibles consecuencias o callar y librarse de todo castigo. No obstante, tal como lo vivió Egipto recientemente, es asequible dar la pelea contra dictaduras desde la web y salir victoriosos, siempre y cuando logren acumularse las fuerzas suficientes y sepa aprovecharse el momento histórico a fin de reflejar en el mundo de lo tangible las mismas inconformidades que se expresan en el virtual mundo del internet.



Sin embargo, todo lo dicho anteriormente es irrelevante cuando tal como lo expone Castells (Ídem) “A la liberación de la humanidad por la tecnología de la información se contrapone la realidad presente de una humanidad mayoritariamente desinformada y marginada de la tecnología”, por tanto el problema sustancial -por ahora- no se trata de la posibilidad de censura y represión política por el uso libre del internet en ciertos regímenes, sino en la imposibilidad de millones de seres humanos de acceder al mundo de la tecnología, y esto lo considero un grave inconveniente para nuestra sociedad no tanto por las alternativas de entretenimiento y disfrute que proporciona la web –asunto que a los fines de este intento de reflexión no nos ocupa- sino por las posibilidades que nos ofrece el internet en cuanto a transmisión de información y conocimientos que se traducen en avances y en mejoramiento de la calidad de vida para quienes pueden acceder a él.  De manera que por un lado el debate es sobre la censura y represión política en algunos países donde sus ciudadanos por lo menos tienen a su disposición el medio web para expresarse, y por el otro la imposibilidad de muchos otros seres humanos de siquiera poder acceder a toda la gama de conocimientos y avances tecnológicos que ofrece el internet.



Sin duda alguna el camino es largo y en torno a este tema una brecha de lucha nos aguarda.





Fuente:

Castells, M. (2003). Internet, libertad y sociedad: una perspectiva analítica. Polis. Universidad de chile.

                      (2007). Communication, Power and Counter-power in the Network Society

1 comentario:

Utopías Negativas dijo...

la brecha digital es el tema de mayor importancia en nuestras latitudes