martes, 7 de agosto de 2012

Tecnología y democracia directa


 Por: Nehomaris Sucre 

Para casi nadie es un secreto que vivimos en un mundo que se enlaza cada vez con mayor intensidad a través de las nuevas tecnologías, hecho que ha generado constantes reflexiones  desde la Ciencia Política –entre otras disciplinas- particularmente sobre la temática de la Democracia y el mundo digital. 

En esa dirección apunta el texto “Democracia digital. Nuevas tecnologías y sistema electoral” (S/F) del Doctor Álvaro Pérez, especialista en Derecho de las Telecomunicaciones, para quien “Si Internet ha dado lugar a la creación del denominado Tercer Estado, un espacio que supera fronteras, que se desarrolla en un ámbito geográfico aterritorial, ya no es tan impensable considerar la creación de una democracia Directa que se desarrolle en el mundo de los bits”. Para el autor (Ídem), a todas luces  esta idea supera el inconveniente de un lugar –espacio físico- en el que agrupar a toda la ciudadanía y se rescataría con ello la concepción roussoniana de que los partidos no son sino sectores “distorsionadores de la voluntad individual”.

Para Pérez debe pensarse –entre otras cosas- en las formidables utilidades que pueden alcanzar los partidos políticos “e-partidos” surgidos de una permanente y hacedera comunicación con sus electores. Siendo estas el fundamento de la revolución democrática que hoy ya se entrevé.

Sin embargo, tal como señala el autor (Ídem) no pueden dejarse de lado las  críticas que se hacen a estos avances tecnológicos y a los nuevos vínculos derivados de la comunicación “always on”.

En ese cauce de ideas, Pérez (Ídem) identifica una serie de argumentos sobre los cuales se basa la crítica a la democracia electrónica. A continuación será mención de los que a mi juicio resultan más relevantes:

1.- La democracia directa personifica un tipo de democracia corrompida, marchitada respecto a la democracia ideal. Algunos autores apuntan a que la tecnología moderna anima al ciudadano a actuar desde su casa, usando el voto electrónico de una forma pasiva y rutinaria.

Quienes esgrimen esto probablemente están dejando de lado que la tecnología moderna no solo posibilita el voto electrónico sino también la formación de comunidades virtuales en torno a asuntos públicos, la libertad de opinión manifestada en foros, blogs, páginas webs, entre otros, así como un sinfín de aplicaciones que pueden servir para el debate de ideas y el encuentro entre los gobiernos y sus ciudadanos, cuestiones que pueden traducirse en un paso al frente, camino a la democracia ideal.  

2.- La desigualdad en el acceso a los recursos sigue perjudicando la participación. Con la práctica de la democracia electrónica se vislumbran intereses de grupos dominantes, puntualmente de aquellos que manejan los contenidos que son transmitidos.

Básicamente esto se traduce en que finalmente los grupos de poder serán quienes administren los contenidos que se divulgan mediante las herramientas que ofrecen las nuevas Tecnologías, no obstante, afirmar esto implica hacer a un lado el hecho de que las nuevas tecnologías han ofrecido un abanico de opciones para la comunicación alternativa y ha permitido precisamente hacerle frente a los intereses de grupos dominantes, al menos en mayor medida que antes.


3.- Hay que tomar en cuenta a las generaciones perdidas, aquellos grupos humanos que no se han conectado y no se conectaran jamás con el mundo de la informática.

Esto nos hace pensar en la brecha digital, en los numerosos colectivos que no tienen acceso aún a las nuevas opciones de comunicación e información que ofrece la tecnología, sea por razones económicas o porque simplemente han decidido darle la espalda a lo novedoso. Esto hace que la democracia electrónica pueda no considerarse una verdadera democracia o pensarse como una democracia para algunos, es decir, para quienes las circunstancias les han permitido o condicionado un acercamiento a las nuevas tecnologías. 

Fuente:

Pérez, A. Democracia digital. Nuevas tecnologías y sistema
electoral. (S/f)

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